Un paseo por el Edimburgo Histórico

Posted By on abril 24, 2016

El pueblo de William Wallace y de la libertad; del Whisky y de la independencia. Desde los clanes escoceses hasta Mary King’s Close y el Edimburgo subterráneo, pasando por Rob Roy, Escocia tiene una riqueza histórica y literaria que no pueden pasar inadvertidas. En este artículo te contamos qué necesitas saber de Escocia y Edimburgo para disfrutarlos al máximo. ¿Estás preparad@? ¡Pues sumérgete con nosotros en la magia de este misterioso país!

Cómo empezó todo

Cuatro pueblos claramente diferenciados habitaron tiempo atrás la tierra que hoy se conoce por Escocia: los Pictos en el Norte, los Británicos en el sudoeste, los Anglos ingadiendo desde el sudeste, y los Escoceses en el Oeste. Los Escoceses de aquella época eran inmigrantes gaélico-parlantes del norte de Irlanda.

Kenneth MacAlpin, que reinaba como rey de los escoceses en Dunadd, conquistó el trono picto en el año 843, uniendo la Escocia del río Forth hacia el norte en un solo reino. 175 años después, en el año 1018, su nieto Malcolm II derrotó a los anglos en la batalla de Carham, extendiendo el territorio escocés hacia el sur hasta el río Tweed. Esto incluía el fuerte de Edimburgo. Fue el bisnieto de Malcolm II, David, I, quien empezó a darle a Edimburgo una relevancia especial, construyendo sobre la roca del castillo una iglesia en honor a su madre (St. Margaret’s Chapel) y también fundando la Abadía de Holyrood. Aún entonces, Edimburgo era una ciudad modesta, pero el sucesor de David I, Malcolm IV hizo del castillo de Edimburgo su residencia principal.

Las guerras de independencia

En 1286, la dinastía de los MacAlpin llegó a su fin, dejando a Escocia sin gobernante (en este punto de la historia es donde está basada la película Braveheart). Surgieron entonces varios aspirantes al triono, entre ellos John Balliol, señor de Galloway, y Robert de Brus, señor de Annondale. Los guardianes de Escocia fueron incapaces de decidir quién debía ocupar el trono y pidieron al rey de Inglaterra, Eduardo I que escogiese. Eduardo I, viendo esto como una oportunidad para proclamarse soberano de Escocia por encima del rey, escogió a Balliol, por considerarlo el más débil de los aspirantes.

Eduardo I trataba a Balliol como a un vasallo. Sin embargo, cuando Eduardo fue a la guerra con Francia en 1294 y convocó a Balliol entre otros nobles, éste decidió que ya había tenido suficiente, e ignorando a Eduardo I, negoció un tratado con el rey francés, conocido como “la vieja alianza”. Esto enfureció a Eduardo I y su respuesta fue rápida y sangrienta: en 1296 lideró una fuerza de casi 30.000 hombres hacia Escocia, capturando los castillos de Roxburgo, Edimburgo y Stirling. Las joyas de la corona fueron robadas y a los nobles escoceses se les exigió juramentos de lealtad al rey. Escocia se convirtió en poco más que una región inglesa.

Pero los escoceses no olvidaron el insulto, y grupos rebeldes (liderados, entre otros, por William Wallace) empezaron a atacar los asentamientos ingleses y a saquear territorios ingleses. Cuando Wallace fue capturado, los escoceses buscaron un nuevo líder y lo encontraron en Robert de Bruce, nieto de Robert de Brus. Fue coronado en Scone en 1306 y empezó su campaña echar a los ingleses de Escocia. Eduardo I murió en 1307 y su hijo, Eduardo II, con un carácter mucho más pusilánime, intentó mantener susupremacía en Escocia, pero los escoceses, aunque superados en número, consiguieron derrotar a Eduardo II y siguieron hostigándolos hasta obligarlos a firmar la paz y la independencia de Escocia en el Tratado de Northampton en 1328. No obstante, como muchos nobles escoceses tenían tierras gracias a los reyes ingleses, siguió habiendo intrigas y traiciones en torno a Robert de Bruce, lo que privó a Escocia en las décadas subsiguientes de una voz unida.

El Castillo de Edimburgo

De todo este proceso histórico que dota de una identidad tan fuerte e independiente a Escocia, fue testigo el Castillo de Edimburgo, uno de los sitios de más interés histórico que visitamos mientras estuvimos allí.

Dominando la ciudad sobre abruptos acantilados de negro basalto a ambos lados y un enclave estratégico, el castillo de Edimburgo fue disputado durante siglos por Pictos, Escoceses, Británicos y Anglos. Fue siempre el sitio del trono de quienquiera que dominara la región.

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Tras el acto de unión de Escocia en Inglaterra en 1707, cuando nació Reino Unido, el castillo perdió su importancia estratégica. El complejo que se visita hoy día data principalmente de los siglos 18 y 19, cuando el castillo gue transformado en un asentamiento fortificado con cuartel y defensas modernas.

Visitar el castillo nos llevó unas dos horas aproximadamente (Si decidís visitarlo, os recomendamos ir relativamente temprano, pues a medida que se acerca el mediodía las colas se hacen bastante largas, pudiendo llegar a tener que esperar casi una hora).

El cañonazo de la 1

Desde el castillo tiene lugar cada día un acontecimiento muy típico de Edimburgo, el One O’Clock Gun, o dicho en español, el cañonazo de la una. Esta tradición nació con la intención de dar una señal acústica que sirviera para dar una referencia horaria a los barcos que se hallaban fondeados en la bocana del puerto escocés. Aún se mantiene viva, y los únicos días que el cañón no se dispara son los domingos, viernes santo y día de navidad. Así que si estáis cerca del castillo a la 1, preparaos, porque es un buen petardazo!

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Un paseo por la Royal Mile

Alrededor del castillo hay muchas cosas interesantes que ver, de mayor y menor relevancia histórica. Saliendo del castillo nos encontraremos en la famosa Esplanade. Hoy en día se usa simplemente como plaza y punto de encuentro, pero entre 1479 y 1722 se utilizó también, entre otras cosas, para quemar a las brujas condenadas por practicar magia negra. El sitio exacto se conoce hoy día como el Witches Well y está marcado por una pequeña fuente de bronce a la entrada de la plaza.

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Castle Hill

Saliendo de la plaza, nos encontraremos en el primer tramo de la Royal Mile. Ésta recibe su nombre del siglo XVI, debido a que era la ruta usada por la realeza para ir del castillo a la abadía de Holyrood. De una milla de longitud, está compuesta de cuatro secciones: Castlehill, Lawnmarket, High Street y Canongate.

En la primera sección, Castlehill, apenas abandonar la Esplanade, nos encontraremos a mano izquierda con la Camera Obscura, un museo de ilusiones ópticas muy curioso en el que lo pasamos genial jugando con hologramas y siendo objeto de los trucos mentales que las obras expuestas juegan sobre el observador. Sin duda un sitio en el que merece la pena pasar un par de horas.

En el ático de éste edificio se encuentra la famosa camera obscura, una instalación óptica construida en la década de 1850. En ella la luz, tras atravesar un sistema de lentes y espejos, es proyectada sobre una superficie cóncava en el centro de una sala circular. En los días claros, se obtiene una imagen muy nítida de la ciudad. El sistema puede rotar 360 grados, y también rota verticalmente, a la vez que permite ampliar y reducir la imagen, lo cual hoy en día no nos impresiona, ¡pero en 1850 era un auténtico bombazo!

Si seguimos bajando por Castlehill, llegamos a Tolbooth Kirk, cuya torre es el punto más alto de la ciudad. A finales de la década de 1990, esta iglesia fue renovada y rebautizada como ‘The Hub’, y desde entonces, no es un centro religioso, sino la sede permanente y las oficinas del Festival Internacional de Edimburgo.

Lawnmarket

Calle abajo desde ‘The Hub’, pasamos a la segunda sección de la Royal Mile: Lawnmarket. En esta sección llaman la atención los numerosos callejones que comienzan a salir de la Royal mile escaleras abajo hacia la zona más moderna de Edimburgo.

Si atravesamos uno de éstos callejones, el llamado Lady Stair’s Close, llegaremos al museo de los escritores. Este es un museo gratuito en el que están expuestos tanto manuscritos como otros objetos personales de tres de los escritores escoceses más famosos: Robert Burns, Sir Walter Scott y Robert Louis Stevenson.

Volviendo a Lawnmarket, un poquito más abajo nos encontramos la Deacon Brodie’s Tavern.

Éste es uno de los pubs más míticos de Edimburgo, pues recibe su nombre de un respetado cerrajero y fabricante de cajas fuertes del Edimburgo de finales del siglo XVIII, quien por la noche llevaba una doble vida, no sólo frecuentando bares y burdeles de dudosa reputación, sino colándose en las viviendas de sus clientes más adinerados y robando lo que fuera que guardaran en las cajas fuertes que previamente les había vendido. Pocos saben que ésta fue la persona real que inspiró en Robert Louis Stevenson la idea de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde.

High Street

Continuando hacia la Catedral de St. Giles, nos entramos en la tercera sección de la Royal Mile: High Street. Y es este edficio el que capta precisamente toda la atención de la High Street, la catedral de St. Giles, cuyas secciones más antiguas datan del siglo 9, aunque la mayoría de lo que se ve por fueraes el fruto de renovaciones llevadas a cabo en los siglos 18 y 19.

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En la acera opuesta de la catedral nos encontramos con la famosa y fantasmagódica Mary King’s Close. Una puerta a las hoy subterráneas calles laberínticas que rodeaban la High Street en los siglos 18 y 19, y que fueron azotadas por una epidemia de peste bubónica. Hoy en día, el ambiente está intencionadamente recreado con un aire fantasmagórico que pone los pelos de punta.

Canongate

El cuarto y último tramo de la Royal Mile se llama Canongate y es el que daba alojamiento a los nobles que visitaban Edimburgo y al personal que servía en la Abadía de Holyrood, donde Canongate desemboca.

Si tenéis la ocasión de pasear por allí, no perdáis la oportunidad de saliros un poco hacia los laterales y explorar los pequeños jardincitos escondidos que rodean Canongate, así como el famoso Canongate Tolbooth, otro punto de referencia típico de Edimburgo.

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Holyrood

Y por último, llegamos a la última parte de la Royal Mile: la abadía de Holyrood.

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Situada a los pies de Canongate, en esta zona acapara toda la atención la sede del Parlamento Escocés, un edificio de Enric Miralles cuya ejecución comenzó en 1999 y en el cual tuvo lugar la primera sesión del parlamento en 2004. Los edimburgueses se dividen en opiniones con respecto a éste edificio, pues aunque trata de imitar la naturaleza que rodea Edimburgo, bien es verdad que su línea arquitectónica contemporánea rompe con todo lo que hay en los alrededores. A nosotros nos pareció muy chulo, y nos impresionaron sus imponentes voladizos.

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Esta zona de Edimburgo es patrimonio de la humanidad, y aquí se pueden visitar el trono del rey Arturo, el propio parlamento escocés, la abadía de holyrood y Dynamic earth. Es un área de Edimburgo muy emblemática por contar con tales iconos arquitectónicos, culturales e históricos. ¡Sin duda merece un paseo!

Un último consejo

Aunque no forme parte de la zona más histórica de Edimburgo o de la Royal Mile, no dejéis de visitar Grassmarket, una zona muy pintoresca con muchas tiendecitas pequeñas de gente local que da para fotos muy bonitas.

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Se puede acceder fácilmente desde The Hub en la royal mile,¡a menos de tres minutos andando!

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