Tate Modern: Una tarde lluviosa en Londres

Posted By on febrero 20, 2016

Era sábado y llevábamos toda la semana de aquí para allá como locos, sin parar a relajarnos como es debido. El plan era salir a hacer algo al aire libre pero al pronóstico meteorológico no le parecía tan buena idea… Sin embargo, ya que en este país si el tiempo es tu criterio para hacer planes vas jodido, teníamos algo en la recámara. Viajeros al tren y para Londres, que hoy nos empapamos de arte moderno en el Tate Modern!

Un poquito de historia…

El Tate, como galería, abrió sus puertas por primera vez en 1897. Recibe su nombre de su fundador, Henry Tate, quien hizo fortuna como refinador de azúcar. En 1889, donó su colección de arte británico a Reino Unido, y como no había espacio para colocarla en la National Gallery, hubo que crear una nueva galería dedicada a la nueva colección. Se pensó que era buena idea crear una galería separada para albergar sólo arte británico, y así nació, en 1892 en una prisión abandonada, la National Gallery of British Art, que abrió, como ya os conté al principio, en 1897.

En sus primeros 15 años, la galería original se expandió hasta doblar su tamaño original. En 1932 se le cambió oficialmente el nombre por el de Tate Gallery. Más de 20 años después, en 1955, Tate se independizó totalmente de la National Gallery, y empezaron a abrirse otras galerías de Tate a lo largo y ancho de Inglaterra.


En 1992, losadministradores de Tate anunciaron su intención de crear una galería aparte para el arte moderno y contemporáneo en Londres, y la antigua planta de producción energéticaBankside Power Station fue seleccionada como nueva sede para este cometido. Los arquitectos suizos Herzog y De Meuron fueron los encargados de transformar este imponente edificio en galería, y lo hicieron con el propósito de mantener vivo el carácter original del edificio.

Las exposiciones

Sé que para muchos (y en ocasiones me incluyo) el arte moderno y contemporáneo y los dibujos, garabatos y pintarrajos que podría hacer un niño de 2 años bien podrían ser la misma cosa. Como con el jazz, supongo que los entendidos y estudiosos sabrán apreciar y ver en el arte matices que a mi se me pasan por alto totalmente. Yo, desde mi profano punto de referencia sólo puedo clasificar el arte en dos categorías: lo que me gusta y lo que no. 

Cuando llegamos al Tate Modern (de entrada gratuita, por cierto), nos recibió una exposición gigantesca en el Hall de la Turbina, que consistía en decenas de macetas triangulares con tierra, unas con plantas y otras no. Es algo que te deja bastante indiferente pese a su gran magnitud, y no es hasta que lees el extracto explicativo, que le encuentras sentido: El artista recogió suelos al azar de distintas zonas de londres y los puso en macetas distintas, con lámparas  distribuidas entre ellas y un sistema de riego por goteo. El objetivo era contemplar la evolución, y la aleatoriedad con la que en algunas macetas crecen plantas y en otras no, tiene su intríngulis, y más que nada, invita a pensar sobre la aleatoriedad y la evolución de las cosas en la propia vida del observador.

Después de ver esto, subimos a la primera planta donde había dos exposiciones de pintura, ambas gratuitas. Una de ellas era para nuestro gusto, demasiado abstracta, y aunque sí había piezas llamativas y algunos dibujos de figuras reconocibles, la mayoría se me asemejaban a trazos y manchas aleatorios sobre un lienzo.

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La segunda exposición, sin embargo, centrada en ciudadanos y revoluciones, contenía piezas también abstractas (y no tanabstractas) sobre personas, modos de vida, derechos civiles, guerras, etc. Ésta nos gustó mucho, con obras reconocidas de Dalí, como “Canibalismo en Otoño”, Picasso y su “Mujer llorando”, Mondrian y sus míticos cuadros, y Marcel Duchamp con su “fuente”, que transmite el potente mensaje de quela realidad está en los ojos del que mira.

Luego subimos al segundo nivel del museo, donde el plato estrella nos esperaba: Una exposición de escultura móvil de Alexander Calder. Cuál fue nuestra sorpresa al llegar a la entrada y enterarnos de que había que comprar la entrada de forma anticipada. Una pena, ya que era la exposición más interesante del museo.

En resúmen, pasamos una tarde genial en el museo mientras el mundo diluviaba afuera. Ir de museos es un plan perfecto si el tiempo no acompaña para estar fuera!

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